sábado, 17 de septiembre de 2011

Columna El Pais Septiembre 9 de 2011

Construir sobre lo construido

El martes no debió ser el mejor día en la vida de Gilma Jiménez, como no lo fue en la de quienes la hemos acompañado durante cuatro años en la lucha por darle vida al proyecto de cadena perpetua para violadores, asesinos, maltratadores y secuestradores de niños. Curiosamente, aunque es evidente que gran parte de la población en Colombia está de acuerdo con la iniciativa, al llegar al Congreso no ha encontrado sino traspiés.
El tropezón esta vez fue en la Comisión Primera de la Cámara, cuando 14 representantes decidieron hundirla y 10 de ellos la apoyaron. Tristemente han podido marcar la diferencia los cuatro representantes vallecaucanos, quienes inexplicable y sigilosamente se ausentaron (son ellos Juan Carlos Salazar, Roosevelt Rodríguez, Heriberto Sanabria y Henry Arcila).
¿Qué viene ahora? Lo importante es saber que la iniciativa no ha muerto y que posiblemente dependerá de la voluntad de los ciudadanos que ella siga su curso. La Ley 134 en su artículo 32 decreta que “Un número de ciudadanos no menor al 10% por ciento del censo electoral nacional, podrá solicitar ante el Registrador la convocatoria de un referendo para la aprobación de un proyecto de ley, de ordenanza, de acuerdo o de resolución local de iniciativa popular que sea negado por la corporación respectiva”. Será una tarea dispendiosa sin duda, pero con el apoyo de todos definitivamente se podrá lograr. Sin embargo, no deja de incomodar estar sujetos a la interpretación del Registrador.
Quienes han manifestado su oposición al proyecto podrán tener sus razones, y aunque algunas son francamente descabelladas -por ejemplo la del presidente del Partido Conservador, José Darío Salazar, quien considera que los violadores son enfermitos y pueden ser curados de su mal- otras están muy bien fundamentadas con estudios del sistema jurídico y demás.
Claramente es un tema espinoso y que genera una gran controversia, pero en últimas el mensaje clarísimo es que el castigo ejemplarizante debe prevalecer porque ningún ser humano tiene el derecho de pegarle a un niño y tirarlo contra las paredes hasta causarle la muerte, violar a un bebé y mucho menos entrenar a un perro para que lo haga, y por supuesto tampoco asesinar a los mellizitos de otro por una venganza absurda. Basta leer un párrafo del caso en contra del subteniente del Ejército Raúl Muñoz, quien en Tame (Arauca) violó a una niña de 14 años y luego la asesinó junto con sus dos hermanos, para comprender que encerrar y aislar a esos sujetos y sujetas es fundamental.
De igual manera es importante evaluar la forma cómo concomitante a todo el trabajo realizado en los últimos cuatro años se ha logrado visibilizar de una manera positiva el abandono en el cual se encontraba el tema de los niños. Gracias a ello los colombianos son más conscientes de lo que es el abuso y el maltrato, las secuelas que una violación puede dejar y lo importante que es para el progreso de nuestra niñez que estos temas no sean tolerados socialmente y que se denuncien.
La iniciativa liderada por la senadora Jiménez y el trabajo consistente en favor de los niños que ha desarrollado durante su carrera, ha dejado una base importante sobre la cual construir a futuro. El bienestar de 19 millones de menores de 18 años es cada vez más un eje de políticas públicas y de acertadas iniciativas privadas en las cuales su desarrollo integral como seres humanos es la meta. Ni un paso para atrás en esto.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Columna Kienyke Septiembre 15 de 2011

Cucos, calzones o nada

Otro concurso de Miss Universo pasó, y nada contundente sucedió. La representante de Colombia nuevamente logró ubicarse entre el primer grupo de finalistas (lo cual comprueba que alguito sí tiene), pero como sucede desde hace años, faltó el centavo para completar el peso.
Los pronósticos, las cábalas y los deseos de muchos daban a Catalina Robayo como ganadora segura por su tonificado y bien torneado cuerpo, su actitud presuntamente arrolladora, su cautivante y seductora sonrisa y hasta por la pantalla que se dio por andar mal sentada sin ropa interior. No obstante, cuando llegó la hora de la verdad, el jurado escogió a un selecto grupo de jóvenes a quienes además de lindas, principalmente se les ve porte y elegancia, o en otras palabras, aquello que las abuelas odiosamente llaman clase.
Francamente yo sí agradecí que Catalina Robayo no estuviera entre el grupo de mujeres que tuvieron la oportunidad de desfilar ante millones de personas en traje de gala, porque elsneak preview que tuvimos del adefesio diseñado por Alfredo Barraza era propio del vestuario de Lady Gaga. Semejante lobera me hubiera dado una descomunal pena ajena. Me cuesta algo de trabajo comprender la falta de ubicuidad del diseñador a la hora de crear algo tan increíblemente inapropiado para la gala de un certamen de belleza, pero bueno, el sentido de la estética es a todas luces subjetivo. Lo que sí nos quedó claro a todos quienes vimos el concurso el lunes en la noche es que el jurado estaba en busca otra cosa bien distinta a lo que lució y transmitió Catalina en el transcurso del reinado, porque los vestidos y ademanes clásicos y femeninos de las cinco finalistas, dieron comida para el pensamiento.
Claramente la representante de Colombia sí fue la candidata que más se destacó en el Reinado Nacional de la Belleza local y no podemos negar que de una u otra manera representa la belleza de la mujer colombiana actual. Lo que tenemos que admitir nosotros los colombianos y colombianas es que nuestras mujeres –o al menos las que se presentan a los reinados- no son las más bellas del mundo. Indiscutiblemente sí están entre un selecto grupo de mujeres exuberantes, sexys y buenonas como dicen algunos, pero nuestro prototipo no llena los requisitos de un concurso que en cuestiones de belleza se está fijando en algo más. Ellos claramente están en todo su derecho de tener unos parámetros estéticos distintos a los nuestros, así como lo estamos nosotros de enviar mujeres que son una muestra de lo que en la actualidad somos.
Sin embargo si vale la pena una la reflexión al respecto porque si vamos a continuar mandando mujeres que calarían mejor en las telenovelas que tanto gustan a ciertos sectores de nuestra población como El Cartel o Sin Tetas no hay Paraíso (o eventualmente como presentadoras de banalidades en los noticieros), pues dejemos de estar pensando que vamos a ganar y simplemente aceptemos que es un jovencita cuyas curvas queremos que mire la media humanidad que se sienta a ver la transmisión del concurso cada año.
 Pareciera que el Concurso Nacional de la Belleza, en cabeza de Raimundo Angulo, piensa que enviar jóvenes curvilíneas y desparpajadas es una manera acertada de vender a Colombia en el exterior. Algo así como una estrategia de posicionamiento de Proexport. Es posible, y hasta válido, sin embargo ya es claro que aun con cucos, calzones o sin nada, no estamos dando la talla y el “producto” definitivamente hay que empacarlo mejor.

El Nuevo Siglo Septiembre 9 de 2011

Murió mi primavera
“Han podido ser ejemplo, pero se desperdició una linda oportunidad”.
HACE  poco más de un año éramos millones de colombianos sin distingos de edad, ni de ideologías, quienes vivíamos nuestra propia historia de primavera gracias al fenómeno político que generó Antanas Mockus en su carrera por la Presidencia de la República. En una preciosa apreciación de lo que esa estación genera en términos de estado de ánimo, Juan Gabriel Uribe, director de este diario, escribió que es como “una órbita apetecible, inmejorable, un ambiente de favorabilidad. Indica serenidad de espíritu, regocijo interno, equilibrio con la naturaleza de las cosas. Es, a fin de cuentas, una invitación al optimismo”.
Así veíamos el futuro en ese entonces. Con optimismo. Antanas Mockus nos llevó a creer que en realidad había llegado para Colombia el momento del cambio. El día en que prevalecería la vida, la moral, la ética y el bien común. De todos es conocido lo sucedido y el cómo, después de volteretas, pataleos y otra candidatura, nos tiene alarmados y con una profunda decepción con respecto a sus capacidades de liderazgo.
Recientemente en el ámbito político de Bogotá sucedió un fenómeno similar. David Luna, candidato a la Alcaldía por el Partido Liberal, hizo una invitación a los también aspirantes Gina Parody y Carlos Fernando Galán para unir esfuerzos, ideas y, por supuesto, votos con el ánimo de consolidar una opción real para llegar al Palacio Liévano. Al respecto Luna afirmó en una columna en el portal virtual Kien&ke que “coincidimos en algunas ideas para Bogotá; representamos nuevas formas de hacer política y, sobre todo, tenemos un enorme compromiso con la construcción de una nueva ciudad. Ninguno de los tres es un político del siglo XX. Todos crecimos en el mundo de las decisiones públicas en el siglo XXI y buscamos avanzar en él sin dogmas y sin valernos de recuerdos del pasado”.
En ese sentido, muchos veíamos esta posible unión como el asomo a una nueva primavera, un fenómeno político que ha podido trascender a lo local y reincorporar en las filas de la credulidad política a quienes, con apatía, piensan que todos los políticos son cortados con la misma tijera y se dejan dominar por sus egos.
Pues nuevamente, así como sucede con los grandes amores, otra decepción. La muerte de una primavera. prevalecieron los intereses propios sobre el común y no se logró el cometido. Han podido ser un ejemplo a seguir, pero se desperdició una linda oportunidad. La muerte de una primavera significa el renacer de otra, pero en este caso ¿a costa de qué ha sido?
@CarlinaToledoP

viernes, 26 de agosto de 2011

Columna El Nuevo Siglo Agosto 26 de 2011


Una limpieza profunda
“Para quienes vivimos en la ciudad hechos no son nuevos”
AFORTUNDAMENTE  frente a la grave crisis política que se desató el viernes pasado en Cali, los medios nacionales reaccionaron de una manera vehemente. Para quienes vivimos en la ciudad los hechos no son nuevos, es el pan nuestro de cada elección. Esta vez los protagonistas eran Rodrigo Guerrero y Susana Correa, a quienes les fueron invalidadas las firmas con las cuales inscribieron sus candidaturas a la Alcaldía y todo apunta a que este acto fue gestado de una manera premeditada desde la Registraduría.
Es posible que pocos recuerden que en las postrimerías de la pasada campaña, circuló una foto en la cual Jorge Iván Ospina, actual burgomaestre de la ciudad, aparece en una manifestación política rodeado por el ex gobernador Juan Carlos Abadía y el ex senador Juan Carlos Martínez. Esa imagen fue la prueba reina de que se había sellado el apoyo de esa ya famosa dupla al candidato Ospina.
Fue vox populi en Cali que esa Alcaldía se había ganado a punta de maletas y con un empujón de marca mayor en la Registraduría. ¿Qué pasó? Nada por supuesto. Eso era para el resto del país un problema de pueblo y los entes de control regionales miraron para otro lado.
El revuelo que se ha armado por la manera como se borró desde el interior de la Registraduría la aspiración de Guerrero y Correa demuestra que en el Valle la política todavía está doblegada y lo seguirá estando mientras no se controle la fuente. Se rumora que el aval del PIN a Edison Ruiz es una fachada y que lo que la dupla en realidad quiere es ubicar a la pesista Maria Isabel Urrutia (Polo) en el CAM. Además, en gran parte de los municipios del Valle se da por hecho que Héctor Fabio Useche (del MIO, el nuevo movimiento de Martínez) ya es Gobernador.
Independientemente de si se avalan la semana entrante las firmas de Guerrero y prosigue en su aspiración a la Alcaldía, la alerta para el resto del país está ahí: la Registraduría no es de fiar. El trasladar funcionarios o reubicar a los cuestionados como hace la Iglesia Católica con los curas pederastas, no es la solución a un lío de marca mayor como este. Se debe escarbar en la entidad hasta encontrar a los responsables de tantas irregularidades y que la justicia opere. Las elecciones no se pueden seguir definiendo en Colombia a punta de maletas repletas de dinero y funcionarios comprables en la Registraduría.
@CarlinaToledoP

jueves, 18 de agosto de 2011

Columna kienyke Agosto 18 de 2011


La fuerza de ser mujer

En momentos en que se encuentra in crescendo la polémica por la vil golpiza que el Bolillo Hernán Darío Gómez propinó a una mujer hace ya un poco más de una semana, lo recurrente -sobre todo para nosotras las mujeres- es preguntarse ¿por qué carajos uno se dejaría dar un golpe de un hombre? Y claro, ¿cómo reaccionaría cada cual ante una afrenta de ese calibre?
Evidentemente sin pretender fungir de sicóloga, siquiatra o siquiera socióloga, mi teoría es que tristemente adolecemos de autoestima y por eso permitimos que otros trapeen con nosotras física y emocionalmente. Además, cometemos el error de replicar el círculo de violencia al obviar enseñarle a nuestros hijos hombres el valor y el sentido del ser mujer y lo fundamental que es respetarnos como seres humanos que somos.
Lamentablemente cuando surge del interior de una mujer la fuerza para acabar con el ciclo de violencia, somos tildadas de locas, brujas y perversas. Lo que no saben muchos es que todos esos calificativos se convierten hasta en un halago y la mayoría los llevan con la cabeza en alto. Joumana Hadad, autora del libro Yo maté a Sherezade dice sobre los árabes (pero es perfectamente extrapolable a gran parte del género masculino) que “su ocupación es distorsionar y aplastar todo cuanto es libre, creativo o bello. Ahí donde la libertad, la creatividad y la belleza consiguen resplandecer, ellos arrojan oleadas de hostilidad y resentimiento, y lanzan campañas de tergiversaciones y mentiras a fin de destruir cuanto se escapa de la mediocridad que les es propia”.
En el transcurso de la historia algunas mujeres atípicas han pisado fuerte y se han hecho valer intelectual, física y emocionalmente dejando para bien o para mal huellas indelebles. Son mujeres fascinantes muchas de las cuales se vieron obligadas a romper tabúes. Susana Castellanos de Zubiría en su libro Mujeres perversas de la historia, ha documentado las principales anécdotas sobre un grupo de ellas, comenzando desde la era bíblica. En Diosas, brujas y vampiresas comienza preguntándose ¿por qué le teme el hombre a la mujer? Y ahí se desgrana un delicioso relato sobre cómo “ese misterioso poder que para algunos emana de la mujer por la relación que se le atribuye con la naturaleza, su aspecto maternal y germinador que le permite ejercer un control sobre campos fuera del alcance del hombre”, se convierte en el “origen de todo mal” a ojos masculinos.
De lejos mi gran favorita es Catherine de Médici, conocida por unos como Madame Serpiente, pero a quien el famoso historiador inglés Paul Johnson califica de mujer heroica. Al enviudar por la repentina muerte de Enrique II de Francia –quien abiertamente la desdeñó gracias a sus amoríos con Diane de Poitiers- su razón de vida fue mantener vivo el reino y no permitir que los derechos de sus hijos, la dinastía Valois, fuera vulnerado. Surgió de la italiana una fuerza interior que perduró por treinta años, y hasta el día de su muerte el cual según la escritora y biógrafa Leonie Frieda se dio no por una pleuresía, sino por el físico desgaste de su cuerpo.
Frieda afirma que el mayor desacierto de Catherine de Médici fue permitir que la devoción por sus hijos obnubilara la gravedad de sus errores. En gran parte de los documentos históricos se le juzga como cruel y despiadada, principalmente por la llamada masacre de San Bartolomé, un sangriento capítulo de una guerra en que murieron inocentes hombres, mujeres y niños y por el cual Catherine, una hábil propagandista nunca pudo dar una explicación o justificación. Mientras movía los hilos de guerras y luchas religiosas, esta mujer -que se consideraba hija del Renacimiento- logró proyectar la magnificencia de esa era a través de la expresión abierta de danza, canto, escultura, pintura, actuación y poesía a lo cual le dio vía libre en su reino.
Indudablemente Catherine de Medici es un caso analizable desde la teoría de Maquiavelo. No obstante Leonie Frieda concluye que “como esposa, madre, abuela, regente y reina de Francia fue una mujer de acción, apetitos y emoción, tanto un gran príncipe como una gran mujer”.
El potencial del género femenino es inconmensurable y todos los días lo demuestran heroínas de una u otra índole, por eso es que actos de abuso al estilo del “Bolillo”, que desnudan la esencia animal de unos, y la vulnerabilidad de otras, son inadmisibles desde todo punto de vista y deben tener toda la censura social posible. Lo que yo algún día quisiera ver es la confianza absoluta de todas las mujeres en su fuerza interior y que los hombres comprendan que es posible ir de la mano y compartir con espíritus libres, bellos y creativos sin necesidad de sentirse amenazados.

viernes, 12 de agosto de 2011

Columna El Nuevo Siglo Agosto 12 de 2011


Arrojo y sensatez

“Demuestra que hay quienes no ven en la juventud una amenaza”  
EN  una declaración de indudable valentía, el candidato por el Partido Liberal a la Alcaldía de Bogotá, David Luna, dijo el domingo a El Espectador que la bandera de su campaña “definitivamente será que los niños tengan una mejor educación”. Audaz que un candidato de una ciudad capital haga un compromiso abierto de ese calibre con la infancia, porque en Colombia los hombres públicos tienden a dejar en manos de mujeres los temas referentes a niños, ya sea porque los consideran banales o simplemente porque creen que eso no arrastra votos.
De igual manera esa declaración refleja la importancia que tendría para Luna el suministrar a la infancia en Bogotá educación de calidad, factor fundamental para el desarrollo de la ciudad. A mi manera de ver también demuestra confianza en la solidez de los otros aspectos que hacen parte de su programa de gobierno y que también deben ser preponderantes en su posible futura Alcaldía.
Resulta triste que no haya muchos más candidatos a cargos públicos involucrados y empeñados en sacar adelante temas tan imprescindibles como la protección, el bienestar y la educación de los millones de niños en Colombia que tanto lo necesitan. Por eso aplaudo el compromiso adquirido por Luna, un acto de coherencia con sus convicciones.
No en vano y gracias a lo que representa, el martes pasado un nutrido grupo de reconocidos conservadores jóvenes y otros ya mayores, anunciaron su apoyo al candidato liberal. Uno de ellos, el ex comisionado de Paz, Camilo Gómez, lo hizo en conmovedora carta que parece como de otras épocas, aquellas en las cuales los principios y valores eran prioritarios. Evidentemente gran parte de la decisión del grupo obedece a un abierto rechazo por la actual postración y decadencia del Partido Conservador, donde a muchos conservadores nos es imposible sentirnos a gusto. No obstante, según afirma Gómez, el acercamiento a Luna fue motivado por su “honestidad, dedicación y recta formación”.
Este apoyo demuestra que hay quienes no ven en la juventud una amenaza, ni un riesgo, sino una oportunidad de trascender, de cambiar y de implementar un estilo de gobierno moderno, ejecutivo y con visión de futuro.
En lo que se refiere al señor José Darío Salazar, presidente de la agonizante colectividad azul, el mensaje de Gómez es claro: “Mi partido no tiene liderazgo ni capacidad de producir ideas ni propuestas para el país y menos para Bogotá”. Pareciera ser el despertar de la godarria inconforme y ¡vaya que ya era hora! Valiente y sensata decisión el acompañar a Luna.
@CarlinaToledoP

martes, 9 de agosto de 2011

Columna El Nuevo Siglo Agosto 5 de 2011


Carlina Toledo Patterson

Al son de quien mejor pague

Tengo la plena certeza de que la gente de Boyacá es buena de corazón. Sin embargo, la duda al respecto asalta a cualquiera que haya leído un artículo publicado el Domingo pasado en El Tiempo, según el cual las autoridades y habitantes de Paipa, Tuta, Tunja y Cómbita parecieran preferir en su entorno la presencia de extraditables, a los recién llegados miembros de las bacrim.

El dilema comenzó a principios del año, cuando por cuestiones de ahorro en los traslados a diligencias judiciales en Bogotá, la logística que ello implicaba y las óptimas condiciones de seguridad en La Picota, el Inpec tomó la decisión de transferir a un grupo de 137 extraditables que se encontraban presos en Cómbita. Su espacio lo ocuparon 327 miembros de las bacrim. 

Claramente cualquier persona con pleno uso de razón no quisiera ni al uno ni al otro cerca, pero de ahí a que las autoridades tengan la desfachatez de presentar al Ministerio de Defensa oficios, derechos de petición y 700 firmas de ciudadanos además de armar según El Tiempo ¨una fuerte campaña mediática¨ para protestar por el hecho, hay un abismo moral inmenso.

Lo que se evidencia del artículo en cuestión es que aunque la razón más fuerte que esgrimen tanto autoridades como ciudadanos es un tema de seguridad, el trasfondo real de su malquerencia es simple cuestión de plata. Consideran ellos que los miembros de las bacrim son más peligrosos que los extraditables -la mayoría de los cuales son requeridos por las autoridades estadounidenses por tráfico de estupefacientes- y que el hecho de tener a los primeros cerca significará el deterioro de la valorada paz que se vive en la región. No obstante y según afirmó el Comandante de la Policía de Boyacá: “hasta ahora no hay impacto negativo”, lo cual es reconfirmado por otras autoridades según las cuales “no ha habido ninguna alteración del orden público que involucre a los nuevos reclusos de Cómbita”.

Sin embargo su dinámica económica sí cambió porque en hoteles, restaurantes y establecimientos comerciales no pulula ya la plata sucia y abundante de los familiares de los narcotraficantes.
Claramente esa buenura connatural a los boyacenses ha cedido a la cultura traqueta que tanto daño ha hecho a regiones como el Valle del Cauca donde muchos ciudadanos del común, políticos, deportistas y periodistas, entre otros, cedieron al dinero fácil.

Dicen que “de las únicas bandas que saben en Boyacá es de las musicales”. Seguramente, pero pareciera que ya comenzaron a bailar al son de quien mejor pague.

@CarlinaToledoP